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jueves, 13 de diciembre del 2007 11:54
Hora de Perú
Obreros advirtieron minutos antes que muro iba a caer, pero no les hicieron caso
Los trabajadores de construcción civil sepultados ayer por un muro de concreto en La Victoria habían advertido a su contratista, minutos antes de la tragedia, que dicha pared presentaba un alto riesgo de desplome, pero la empresa hizo caso omiso a su llamado.
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Mario Enrique Zapata Toche, una de las víctimas del accidente, se había percatado del riesgo inminente, reportándolo al maestro de obras, pero éste les ordenó seguir trabajando, reveló César Aquije, dirigente del Frente Desocupado de Construcción Civil de Manzanilla-San Borja.
“Mario Zapata es cuñado de mi hermano y me llamó para contarme que habían encontrado una abertura de unos 10 centímetros entre el muro que se cayó y el piso de la casa colindante. Le explicaron al maestro de obras, pero no les hicieron caso”, reveló a la agencia de noticias Andina.
Agregó que, antes del incidente, Zapata Toche le había comentado que los obreros no querían seguir trabajando en esa obra por el riesgo que existía y por temor a sufrir un accidente.
“El maestro de obras se comunicó con Juan Arratia Acho, dueño de la empresa JAA Contratistas Generales, pero éste no accedió al pedido y les dijo a los obreros que no había problema y que siguieran trabajando”, narró Aquije.
César Aquije recibió la llamada de advertencia de Mario Zapata al promediar las 08:00 horas de ayer, momentos antes del fatal derrumbe, que ocurrió pasada las 9 de la mañana.
“Como Arratia no aceptó que dejaran de trabajar, los obreros le pidieron material para por lo menos armar una viga que sostuviera la pared, pero tampoco aceptó. Ellos (los obreros) tuvieron que volver al trabajo, ocurriendo finalmente lo que todos hemos visto”, apuntó.
Los obreros de construcción civil se encontraban haciendo una zanja antes de quedar sepultados por la inmensa pared de concreto que medía unos 80 centímetros de grosor, seis metros de altura y 30 metros de largo.
Producto del derrumbe nueve trabajadores quedaron sepultados entre la tierra y los enormes bloques de concreto. Siete de ellos murieron, uno sobrevivió, pero perdió un brazo; y el noveno aún no es rescatado.
La obra se edificaba en el cruce de las calles Italia y Antonio Bazo, en La Victoria, en las inmediaciones del emporio comercial de Gamarra.
En tanto, la Policía informó que el obrero Julio Paricahua Vargas, había llamado a su esposa antes de morir asfixiado tras el desplome dicha pared, e incluso su cadáver tenía el celular sujeto en una mano cuando fue hallado entre los escombros.
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