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martes, 22 de abril del 2008 08:10
Hora de Perú
Libro "Cusco bizarro" revela singularidad de lugares de Ciudad Imperial
Todos los caminos llevan a Cusco. Visitar la ciudad que otrora fue la capital del mundo andino resulta en sí una experiencia enriquecedora, en primer lugar porque ese mundo andino permanece vivo y porque la ciudad contiene una enorme oferta turística, ecológica y cultural verdaderamente aprovechable.
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Cusco, en sí mismo, es toda una experiencia. Para la periodista María Luisa del Río, las aristas de este recorrido por una urbe tradicional y moderna, mágica y misteriosa, pueden ser comprobadas en su más reciente libro: Cusco bizarro (Aguilar, 2007).
Hace poco más de un año, Del Río recibió el encargo de hacer un libro sobre la ciudad en la misma línea que el periodista Rafo León planteó para Lima bizarra. Es decir, seleccionar los sitios más singulares y representativos de la ciudad, pero cuya función de por sí trascienda las limitaciones denotativas de una guía turística.
“Asumí la disciplina de ir todas las tardes a caminar por las calles del Cusco. Mucha gente me sugirió una serie de cosas, no en el sentido freak, sino bizarras en el sentido de auténticas, que no están en las otras guías. Pienso que es una alternativa a la visión turística sobre la ciudad, cuidando que te provoque ir por alguna razón”, sostiene Del Río.
Telúrico y magnético
El libro enumera múltiples aspectos: desde extravagantes hoteles hasta casas embrujadas, la rutilante vida nocturna cusqueña o los lugares más ensoñadores del valle del Urubamba. Asimismo, desfilan una serie de personajes vinculados con la bohemia, el arte o la intelectualidad del ombligo del mundo.
Sin embargo, una de las secciones más llamativas de Cusco bizarro tiene que ver con lo andino propiamente dicho: las ferias religiosas y populares. “Me encanta la cultura andina.
Aparentemente son cerrados, pero empiezas a entrar un poco más y te das cuenta de la personalidad que tienen, el amor que sienten por su tierra. Uno puede subirse a un cerro que no pertenece al circuito turístico y encontrar a los varones chambeando con flores en los sombreros. No se las ponen porque ibas a ir, sino porque así son.”
Sobre los bricheros y la vida nocturna, Cusco bizarro muestra sus puntos de vista. “El brichero no quiere que la gringa se lo lleve a él. Es más el rollo: yo te enseño y tú te vas a querer quedar conmigo porque soy lo máximo. Me parece una forma de prostitución muy civilizada, pero prostitución al fin y al cabo. Se terminan quedando en eso, juergueándose muchísimo, pero al final no hay un desarrollo personal.”
Más allá del adjetivo (bizarro significa valiente), María Luisa del Río le atribuye a la Ciudad Imperial su mejor definición en estos tiempos globales. “La imagen del Cusco que predomina es la de fiesta, más allá de juerga. Fiesta en el sentido de pasarlo bien, con los niños, al aire libre, comiendo rico, con la gente. A mitad de camino siempre hay algo para ver. Por ello, mi meta es construir una casa ahí.”
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